Seguro que no soy la única madre que se pregunta cuáles son los trucos para que los niños ordenen su habitación. Dicen que los hijos vienen con un pan debajo del brazo, ¿no? ¡Mentira! El mío llegó con un tráiler de trastos. Literal. Cuando mi marido Daniel y yo nos enfrentamos a la montaña de artilugios necesarios para el primer año de crianza, supimos que nos teníamos que mudar de casa. Y eso no era sino el principio… ¡seis años y dos niños después, esa habitación es una scape room para Marie Kondo!
Qué bonitos esos dormitorios infantiles de los catálogos, ¿verdad? Tan blanquitos, resplandecientes, donde los rayos de sol se filtran entre las cortinas e inciden, estratégicamente, sobre algún objeto precioso. Miras las fotos y suspiras: “oh, mi hijo habitará en Rivendel”. ¡Desengañémonos! La realidad es que el cuarto de un niño está más cerca de parecerse a Mordor.
Siendo sincera, la verdad es que yo misma soy un poquito desordenada. Eso sí, mi desorden es mi orden porque creo que a muchas cosas se les impone un lugar muy alejado del sitio que realmente les corresponde. Me explico: el sitio natural de una pinza del pelo no es el cajoncito del baño sino la mesilla de noche, que es donde la depositas después de atravesarte el cráneo con ella al tumbarte. Eso es un desorden ordenado. ¡Pero el desorden de los niños no responde a ninguna lógica! Además, trasciende las fronteras de su habitación y los juguetes se esparcen por toda la casa. Yo llevé un verano entero una estrellita de Pinypon a modo de piercing clavada en el talón. ¡Me quedaba monísima!
Sinceramente, creo que mis hijos no juegan, sino que dedican el tiempo a desordenar su propio desorden. Los oigo volcar cajas y cajas de construcciones con un sonido como de descarga de escombros en una reforma mientras clamo al cielo: “¿cómo hago que mis hijos ordenen su habitación?. ¡¿Por qué serán tan desordenados?!” Dicen los psicólogos que el desorden no les altera como lo hace en los adultos, tienen mayor tolerancia al caos. Pero la verdadera razón -y parece que en esto hay consenso entre los expertos- es que recoger es aburrido. Y no sólo eso, sino que significa que el juego ha llegado a su fin y toca pringar. Son niños, pero no son tontos. Y es muy difícil hacerles creer que recoger forma parte del juego. Como sé por propia experiencia que esta es una cuestión que desquicia “al más pintao”, quiero compartir con todas vosotras unos trucos que a mí me funcionan bastante bien.
Bonus: la parte en la que a ti te toca pringar. Finalmente, hay tres consideraciones que toda madre debe tener en cuenta si desea poner en práctica algunos trucos para quye los niños ordenen su habitación: la primera es que un exceso de juguetes es una trampa mortal, por lo que recomiendo darles lo justo a nuestros hijos para que puedan desarrollar todo tipo de juegos, pero evitando el exceso para no acabar muriendo sepultada. ¿Cómo dejar de acumular? ¡Regálale libros! Los cuentos personalizados Mumablue son educativos a la vez que lúdicos. La segunda consideración es que debemos crear un hábito diario como lo es el del baño o el de lavarse los dientes: si hoy recogemos y mañana no, jugamos al despiste. La tercera, y más importante, es predicar con el ejemplo: si no nos ven recoger, no van a hacerlo ellos. Recordad que aprenden de lo que ven en nosotros, los padres, que somos sus referentes principales, su mejor ejemplo, el espejo en el que se miran. ¡Somos su dios! En fin, os dejo por hoy, que todavía tengo que recoger la cocina y mirad qué tarde se me ha hecho. Aunque pensándolo bien, igual lo tiro todo al fregadero… ¡y mañana será otro día!
Soy madre, pero a veces me cuesta predicar con el ejemplo. ¿Qué digo, a veces? Recoger es lo más tedioso del mundo. Y punto.
Sabemos que te encanta leer, pero tal vez prefieras escuchar este contenido en el podcast mientras recoges los Lego… 😅 ¡Lo encuentras al principio de esta página!
2 Comments
Me encantó, gracias por pensar en nosotras
Gracias a ti, Hortencia, por tu amable comentario. Nos alegramos de que te guste. Un saludo.