Los vampiros existen: son padres que tienen mucho sueño

¿Hay algo peor que un niño llorando toda la noche? ¡Pues sí! El tipo del “soplahojas” por las mañanas. Que llevas toda la noche sin pegar ojo (más ahora, con el calor) y cuando por fin impera la calma y el fresquito del amanecer empieza a entrar por la ventana… ¡Te despiertas dentro de lo que te parece un aspirador gigante! ¡Pero bueno, por favor! ¿De verdad hay que soplar hojas a las 8 de la mañana? ¿Qué pasa? ¿Que si esperas a las 10 ya no se puede? “Anda, pues venía a soplar hojas, pero no hay ninguna”, “Sí, es que ya se han ido a desayunar, ¡que no son horas!”

No es ningún secreto que ser padre lleva aparejada la falta de sueño. Pero cuando se tienen tres niños en vez de hablar de ser padres, podemos hablar, directamente, de ser vampiros: Vives más de noche que de día, empiezas a empalidecer de forma alarmante, oscuras y tenebrosas sombras se dibujan bajo tus ojos… ¡y a más uno le arrancarías la yugular con los dientes! Al del “soplahojas”, sin ir más lejos.

Y es que, claro, con tres niños las probabilidades en los despertares se multiplican por tres. Cuando no es uno, es otro. Que dices tú: ¿no os podríais poner de acuerdo, hijos míos? ¡Que tengo sueño! ¡¡¡SUEÑO!!! Aunque ahora que lo pienso, igual sí se ponen de acuerdo… pero para fastidiar. Sospecho que todo es fruto de un complot: “Yo me despierto a las 12, a las 2 y a las 5” “¡Chachi! Yo, a la una y a las tres. Y este que llore en los ratos libres”. ¡Menuda fiesta! Vamos, que hay veces que hasta me dan ganas de ponerme un gintonic y aprovechar mi momentito de “ocio nocturno”.

Soy partidaria de que nada en esta vida es por casualidad, que las cosas ocurren para prepararnos para el futuro. Si no, ¿qué sentido tienen las resacas? Las resacas son la forma que tiene nuestro cuerpo de entrenarnos para ser padres, vamos, ¡lo tengo clarísimo!; de decirnos: acostúmbrate a arrastrar cansancio y dolor de cabeza, porque cuando tengas hijos te sentirás igual de vampiro. (Eso sí, sin el aliento de ultratumba) Una pena, porque seguro que podría usarlo como un anestésico fulminante.

Soy madre, así que toca trasnochar. Y sin gintonic. Aunque todavía las hay que están peor: las madres de los soplahojas que se llevan trabajo a casa. Y punto.

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