La caca de tu hijo

La caca de tu hijo sigue siendo caca, ¡no nos engañemos!

AVISO: El siguiente post puede herir la sensibilidad.

Hoy voy a hablar de caca. Avisados estáis. Ah, pero no, tranquilos. Voy a hablar de la caca de tu hijo, ¡esa no da asco! ¿Que no da asco? Empecemos por el principio: “la primera caquita”, la llaman. Qué finos. ¡Qué eufemismo! ¿Ca-qui-ta? Perdona, al lado de esto, el chapapote del Prestige es agua pura de manantial. ¡No hay más que pensar en el nombre que tiene! Meconio. Que rima con demonio, con manicomio, con “¡pero qué c*ñ*!”, pues ahí está tu madre: “anda, quita, hija, que es que eres de un asquerosito… ¡si es de tu niño!” ¿Asquerosito? ¡Pero si es que ESO no puede ser de este mundo! ¡Mi HIJO no puede ser de este mundo!

Luego, la cosa mejora… (¡claro, después de esa primera vivencia sólo puede ir a mejor!) Aunque tampoco mucho, no nos engañemos. Lo de no comer sólido no ayuda. ¿Lo peor? ¡Las fugas! No sé si os acordáis, pero hay una etapa en la que cambias tantos bodies como pañales. A veces, incluso la fuga nos alcanza, bien sea en forma de gotera o, la peor, en modo “fuente de Versalles”. ¿Y qué hacemos? Limpiarnos corriendo. ¿Por qué? Porque da asco. Ninguna madre va por ahí, pringada de caca, como si fuera Channel nº5. ¡Por mucho que sea de su hijo!

A todo se acostumbra uno en esta vida, eso también es verdad. Y cuatro o cinco cacas al día dan para hacerlo pronto… ¡Hasta que comienzan a comer sólido! Y un buen día, de repente, abres el sobrecito y… aparece el muñeco. “¡pero qué c*ñ*!” ¡Uy, qué impresión! Y, más adelante, toca vaciar y limpiar el orinal. Y después, la “asistencia en váter” ¡Que Dios nos pille con papel de triple capa!. Hasta que un buen día, por fin, acaba todo. ¿Estás segura? ¿No decías que querías nietos?

Pero, amigas mías, hay quien en todo esto lo pasa mucho peor que papás y mamás: ¡Las toallitas perfumadas! Sí, imaginaos: están ahí, en su cofrecito, tan tranquilas, oliendo a jabón… ¡Y antes de que se den cuenta ya están pringadas! Qué crueldad. Eso de que al sacarlas se queden enganchadas unas a otras no es un sistema de “extracción fácil”, no, no. ¡Es la toallita agarrándose a sus amigas! “¡Noooo, por favooooor, no me soltééééis…! ¡Ni siquiera es hijo mío!”.

Soy madre. Madre amantísima, si hace falta. Pero la caca de tu hijo sigue siendo caca. Y punto.

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